dissabte, 17 / maig / 2008

Flores del silencio 7

«El vislumbre de la Verdad».

I: Vimos antes con toda claridad que hay pensamientos que vienen solos, que son aconteceres como la lluvia o el viento. También hay otros que producen desequilibrios en la salud y los llamamos pensamientos negativos. ¿Cuál es la diferencia entre ambos?

F: Todos los pensamientos son aconteceres. Pero algunos pen­samientos no están relacionados con la noción de que yo soy una persona. Y esos son como la lluvia, porque la lluvia no está relacionada conmigo como persona. Es pensamiento im­personal.

Pensamiento impersonal es, por ejemplo, el de un mate­mático resolviendo un problema. Este pensar no tiene ningu­na relación con el pensamiento «yo».

Por el contrario los pensamientos del tipo, «me gusta esto», «no me gusta aquello», no son impersonales, son pen­samientos en los que estoy implicado como un individuo pe­queño, limitado. Son los pensamientos que se dan durante el soñar despierto, ensoñar. Por ejemplo, hace frío en Madrid y me pongo a ensoñar que estoy en Málaga. Este tipo de pensa­mientos se originan en la noción de que soy una entidad per­sonal.

Ahora bien, tengo que entender que la entidad personal no existe independientemente fuera de este pensamiento. Tie­ne existencia solo en este momento, y como este pensamien­to. Es este pensamiento. Cuando este pensamiento desapare­ce, la entidad personal desaparece. Puede renacer de nuevo

cuando aparezca un pensamiento de este tipo. Y de hecho sur­girá una y otra vez, y nos hará sufrir nuevamente una y otra vez. Hasta que comprendamos que lo que llamamos entidad personal no es más que este pensamiento recurrente, repetiti­vo, que en realidad aparece, como la lluvia.

En resumen, es válido el distinguir estos dos tipos de pensamientos, aunque en última instancia todo el pensar apa­rece de una manera natural, sin que nosotros, como personas, los escojamos.

También, podemos hacer esta distinción entre pensa­mientos espontáneos y pensamientos egóicos o dualistas, por-que después de un vislumbre de la verdad, los pensamientos espontáneos no desaparecen, mientras que los del segundo tipo, los egóicos, son cada vez más infrecuentes y su duración es también cada vez menor.

I: Según mi experiencia, duran exactamente hasta que te das cuenta de ellos.

F: Sin embargo, algunas veces, aunque nos demos cuenta de ellos, como no hemos entendido que solo sirven para prolon­gar nuestros sufrimientos, regresamos a ellos en lugar de des­cartarlos.

Pero cuando ya hemos comprendido que además de no ofrecernos felicidad, pueden producirnos mucho sufrimiento, entonces, tan pronto como los percibimos conscientemente, los desechamos. De la misma manera, cualquier adulto que sabe que las serpientes son muy peligrosas, cuando ve una, instintiva y rápidamente se aparta de ella; mientras que un bebé, aunque la vea no se separa, porque no sabe de su peligrosidad.

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