«El vislumbre de la Verdad».
I: Vimos antes con toda claridad que hay pensamientos que vienen solos, que son aconteceres como la lluvia o el viento. También hay otros que producen desequilibrios en la salud y los llamamos pensamientos negativos. ¿Cuál es la diferencia entre ambos?
F: Todos los pensamientos son aconteceres. Pero algunos pensamientos no están relacionados con la noción de que yo soy una persona. Y esos son como la lluvia, porque la lluvia no está relacionada conmigo como persona. Es pensamiento impersonal.
Pensamiento impersonal es, por ejemplo, el de un matemático resolviendo un problema. Este pensar no tiene ninguna relación con el pensamiento «yo».
Por el contrario los pensamientos del tipo, «me gusta esto», «no me gusta aquello», no son impersonales, son pensamientos en los que estoy implicado como un individuo pequeño, limitado. Son los pensamientos que se dan durante el soñar despierto, ensoñar. Por ejemplo, hace frío en Madrid y me pongo a ensoñar que estoy en Málaga. Este tipo de pensamientos se originan en la noción de que soy una entidad personal.
Ahora bien, tengo que entender que la entidad personal no existe independientemente fuera de este pensamiento. Tiene existencia solo en este momento, y como este pensamiento. Es este pensamiento. Cuando este pensamiento desaparece, la entidad personal desaparece. Puede renacer de nuevo
cuando aparezca un pensamiento de este tipo. Y de hecho surgirá una y otra vez, y nos hará sufrir nuevamente una y otra vez. Hasta que comprendamos que lo que llamamos entidad personal no es más que este pensamiento recurrente, repetitivo, que en realidad aparece, como la lluvia.
En resumen, es válido el distinguir estos dos tipos de pensamientos, aunque en última instancia todo el pensar aparece de una manera natural, sin que nosotros, como personas, los escojamos.
También, podemos hacer esta distinción entre pensamientos espontáneos y pensamientos egóicos o dualistas, por-que después de un vislumbre de la verdad, los pensamientos espontáneos no desaparecen, mientras que los del segundo tipo, los egóicos, son cada vez más infrecuentes y su duración es también cada vez menor.
I: Según mi experiencia, duran exactamente hasta que te das cuenta de ellos.
F: Sin embargo, algunas veces, aunque nos demos cuenta de ellos, como no hemos entendido que solo sirven para prolongar nuestros sufrimientos, regresamos a ellos en lugar de descartarlos.
Pero cuando ya hemos comprendido que además de no ofrecernos felicidad, pueden producirnos mucho sufrimiento, entonces, tan pronto como los percibimos conscientemente, los desechamos. De la misma manera, cualquier adulto que sabe que las serpientes son muy peligrosas, cuando ve una, instintiva y rápidamente se aparta de ella; mientras que un bebé, aunque la vea no se separa, porque no sabe de su peligrosidad.


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